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Como ya se indicó en páginas precedentes, son organismos
heterótrofos que se alimentan por absorción. Su pared
celular está compuesta sobre todo de quitina. Las mitocondrias
tienen crestas aplanadas. El talo es unicelular (en el caso de las
levaduras se denomina levuriforme), o más frecuentemente
filamentoso (micelio), bien cenocítico o tabicado.
La mayoría de los grupos no presentan esporas flageladas;
los flagelos, en su caso, nunca tienen mastigonemas. La reproducción
puede ser sexual o asexual. La fase diploide suele durar poco tiempo.
Su forma de vida es muy variada (saprófitos, parásitos
o simbiontes).
Las características generales de los hongos aparecen en
biolog.htm. En esta otra página
(enlace a fosil.htm) se puede encontrar
un breve apunte sobre el registro fósil de los hongos.
Dentro del reino Fungi se distinguen 4 filos. Haciendo
clic en cada uno de ellos se accederá a una información
más detallada:
- Filo Chytridiomycota (enlace
a quitris.htm): Es el único grupo de hongos verdaderos
que presenta esporas flageladas. Reciben el nombre coloquial (bueno,
lo de coloquial es un decir) de quítridos.
- Filo Zygomycota (enlace
a zigomis.htm): Presentan micelio cenocítico (sin tabiques).
Aquí pueden hallarse hongos tan frecuentes como el moho
negro del pan, o muchos formadores de endomicorrizas.
- Filo Ascomycota (enlace
a ascomis.htm): Es el grupo con mayor número de especies.
Entre ellas destacan muchos hongos fitopatógenos (oídios,
cornezuelo, grafiosis del olmo, etc.), parásitos en humanos
(candidiasis, criptococosis, pie de atleta...) y comestibles (trufas,
colmenillas, etc.).
- Filo Basidiomycota (enlace
a basidis.htm): Aquí pueden hallarse los hongos más
conocidos, como las típicas setas o los yesqueros, y algunos
fitopatógenos de enorme importancia (royas, carbones...).
Si continúas navegando por nuestra web, amable internauta,
te aconsejamos que eches un vistazo a las páginas dedicadas
a las setas dentro de este grupo.
La filogenia de los hongos verdaderos se resume en la Figura superior.
Comentémosla un poco.
Llama la atención que el reino Fungi sea un grupo
hermano de los animales, y no de las plantas. De hecho, compartimos
muchas características básicas con los hongos. Ambos
grupos nos alimentamos digiriendo el alimento mediante enzimas hidrolíticos.
Éstos descomponen el alimento, el cual puede ser absorbido
por el organismo. Por supuesto, hay diferencias. Los animales digerimos
el alimento dentro de nuestro estómago. Ello nos obliga a
a buscar la comida, tragarla, hacerla pasar por nuestro aparato
digestivo y finalmente excretarla. Gracias a eso, la evolución
hizo que los animals fuéramos (más o menos) criaturas
activas, de cuerpos complejos. En cambio, los hongos siguieron otra
vía. En vez de comérselo, prefieren vivir dentro del
alimento y descomponerlo. En vez de ir a cazar la comida cuando
pasan hambre, se limitan a seguir creciendo y descomponiendo a su
alrededor. Al igual que en el caso de los animales, esa estrategia
les ha reportado un éxito enorme.
¿Qué más compartimos con los hongos? El empleo
de quitina y glucógeno, el codón UGA para el triptofano
en las mitocondrias... Y, por supuesto, la presencia de células
flageladas (con un flagelo sencillo, liso y de inserción
posterior, con un peculiar sistema de anclaje). En el caso de los
hongos, sólo el filo Chytridiomycota las posee. Este
carácter del flagelo hace que animales y hongos, junto a
algunos protistas más o menos exóticos (microsporidios
y mixozoos) se incluyan en un único clado o rama del árbol
de la vida: los opistocontos (ver la figura de abajo). Este término
fue propuesto por Copeland en 1956 para los quítridos (el
grupo basal de los hongos), aunque hoy se aplica al clado de hongos
+ animales.
Aparte de la forma de conseguir y digerir el alimento, los animales
desarrollaron diversas características distintas a las de
los hongos (el colágeno, la separación de los núcleos
en células individuales, la pérdida de síntesis
de lisina con el codón AAA), y siguieron su propio camino.
Olvidémonos de ellos, pues, y veamos qué pasó
con los hongos.
Diversos autores propusieron un esquema elegante para explicar las
relaciones entre los distintos grupos de hongos (Figura 1-A). El
filo Chytridiomycota (los quítridos) sería
el grupo basal, el que mantendría las características
más primitivas: la presencia de flagelos y de centriolos.
De él derivaría el resto de hongos, los cuales perdieron
flagelos y centriolos; el filo Zygomycota sería el
exponente de ese cambio evolutivo. No obstante, al cabo del tiempo
algunos hongos empezaron a desarrollar tabiques (septos) en las
hifas, y a presentar en alguna etapa de su vida una fase dicariótica
(con dos núcleos en cada célula). Serían lo
que ha dado en llamarse hongos superiores, que a su vez se
dividieron en dos filos: Ascomycota y Basidiomycota.
Demasiado bonito para ser verdad, por desgracia. En 1995, Nagahama
y colaboradores indicaron que algunas especies de hongos sin flagelos,
como Basidiobolus ranarum (se puede encontrar en el tubo
digestivo de anfibios y restiles, si alguien está interesado
en ello), previamente clasificadas como zigomicetos, son en realidad
quítridos que han perdido los flagelos. Es más, puede
que quítridos y zigomicetos no constituyan grupos monofiléticos.
Se han propuesto diversos árboles alternativos (Figura 1-B,C)
que recogen esta incertidumbre. Puede que en el futuro, estos dos
filos deban escindirse en varios más. Lo que sí parece
estar claro es que ascomicetos y basidiomicetos (los hongos superiores)
son grupos hermanos y monofiléticos.
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