|
Dentro del Reino Fungi, los quítridos (unas 706 especies)
son los únicos que presentan esporas flageladas (con un flagelo posterior,
liso). Debido a esto, tradicionalmente se han estudiado con
oomicetos y afines.
En su mayoría son saprofitos, aunque
los hay parásitos de plantas, animales y hongos. Suelen darse en hábitats
acuáticos y suelos, y muchos de ellos son microscópicos. También hay especies
anaerobias, que viven en el intestino de mamíferos herbívoros. Asimismo existen
especies marinas. Su papel como descomponedores de quitina, queratina, celulosa
y hemicelulosa parece ser muy importante, aunque se trata de un grupo fúngico
que pasa desapercibido en los estudios habituales, por culpa de inadecuadas
técnicas de muestreo. Existen fósiles de quítridos desde el Devónico;
probablemente es un grupo que se separó relativamente temprano del resto de
hongos verdaderos, y cabe la posibilidad de que sea polifilético. Para más detalles,
véase el sitio web del
Árbol de la Vida.
En 1998, la especie
Batrachochytrium dendrobatidis se describió como
causante de enfermedades en anfibios. De hecho, ataca la piel de las ranas, y
como estos animales respiran en buena parte a través de ella, les provoca la
muerte. Este hongo es, por tanto, responsable en parte del declive de los anfibios
que se ha detectado en numerosos puntos del planeta. ¿Se debe a la aparición de una
cepa agresiva del hongo, o bien a que diversos factores ambientales (tal vez el cambio
climático o la contaminación) predisponen a las ranas para enfermar? De todos modos,
hay otras especies asociadas a animales que pueden ser útiles para los asuntos humanos.
Algunos parásitos de larvas de mosquito pueden ser interesantes agentes de biocontrol,
mientras que los quítridos anaerobios que viven en el tubo digestivo de los rumiantes
podrían ser modificados en el futuro para mejorar la nutrición del ganado doméstico.
|
|
|
Figura 1: Tipos de talo en los quítridos (explicación en el texto).
|
Estos hongos no presentan verdadero micelio. En la Fig. 1 se muestran sus diversos
tipos de talo: holocárpico (todo el talo se convierte en esporangio) y eucárpico
(parte de él permanece asimilativo). En este último caso, el talo puede ser monocéntrico
(sólo se forma un esporangio; el resto es un rizomicelio) o policéntrico (varios esporangios).
Si el hongo se desarrolla del todo dentro de la célula parasitada, se denomina endobiótico;
en caso contrario, epibiótico.
En cuanto a su reproducción asexual, los esporangios pueden ser operculados (con una especie
de tapadera) o inoperculados. La reproducción sexual puede seguir cualquiera de las modalidades
que se indicaron en el apartado de biología de hongos:
copulación de planogametos (isógama o anisógama), copulación gametangial, espermatización (un
anterozoide móvil fecunda al oogonio) y somatogamia.
Para su clasificación es muy importante el estudio ultraestructural de las zoósporas, que
permite distinguir dos clases (Chytridiomycetes y Monoblepharidomycetes,
así como diversos órdenes dentro de ellas.
Clase CHYTRIDIOMYCETES.
O. Spizellomycetales.
Muchas de sus especies se incluían tradicionalmente en Chytridiales.
Suelen ser monocéntricos, y hay especies parásitas y saprofitas. El género
Rozella (parásito de otro quítrido, Allomyces), que antes se incluía
aquí, ahora se cree que representa uno de los linajes que primero divergieron
dentro del reino Fungi.
|
|
|
Figura 2: Polen de pino parasitado por Olpidium.
|
El género más conocido es Olpidium. Incluye a hongos microscópicos
holocárpicos que pueden parasitar algas, granos de polen (Fig. 2), esporas de
royas, animalillos acuáticos y, por supuesto, plantas. La especie más conocida es
O. brassicae, que ataca
a las raíces de col, lechuga y muchas otras plantas. El daño que causa no es excesivo,
pero la cosa se complica cuando actúa como vector de virus. La dispersión de
Olpidium está favorecida por la humedad (el agua dispersa de maravilla las
zoósporas) y también por el transporte indiscriminado de rastrojos.
Cada talo se convierte en un esporangio que puede presentar uno o varios tubos
de descarga (Fig. 3) para las zoósporas. Éstas nadan en el agua del suelo y llegan hasta un
pelo radicular, sobre el que forman quistes de superficie y le acaban inyectando
su contenido, el cual se convierte en un talo, que dará un esporangio, etc.
|
|
|
Figura 3: Polen de pino parasitado por diversos hongos
microscópicos. En C se aprecia un esporangio de Olpidium que ha emitido
un tubo de descarga (flecha).
|
Dos de esas zoósporas, si las condiciones son adecuadas, pueden copular y formar
un zigoto, el cual, tras invadir la raíz, originará un típico esporangio de pared
gruesa, encargado de pasar la época desfavorable (puede aguantar más de 7 años
en el suelo). En él se dará la cariogamia y la meiosis, y en primavera producirá
zoósporas.
Se sabe que diversas especies de Olpidium son vectores de virus (por
ejemplo, el de la necrosis del tabaco o el de las venas grandes de la lechuga).
En Almería, parece que la asociación de O. bornovanus con el virus del
cribado del melón puede provocar casos de muerte súbita en sandía. La lucha
contra estos hongos pasa por la desinfección del suelo y de los lugares por
donde ha de circular el agua de riego.
O. Chytridiales.
Hay muchas especies saprofitas y también parásitas. Synchytrium endobioticum
causa la espectacular
verruga negra o sarna verrugosa de la patata.
Hay otros géneros de interés, como Chytriomyces, muy abundante y un
magnífico descomponedor de quitina en la naturaleza. Nowakowskiella es saprofito
de restos vegetales, con talo policéntrico (y puede cultivarse sobre celofán y agua de
río estéril).
O. Rhizophydiales.
Incluye, entre otros, al género Rhizophydium, de talo monocéntrico y eucárpico,
que se encuentra a veces sobre polen.
O. Neocallimastigales.
Son anaerobios obligados que viven en el intestino de los herbívoros,
colaborando en la digestión. No poseen mitocondrias. Destaca Neocallimastix.
Este hongo puede acceder mejor incluso que bacterias y protozoos a ciertos sustratos,
lo que hace sospechar su importancia para los animales dentro de los cuales vive.
Algunos autores elevan este orden a
categoría de filo (Neocallimastigomycota).
O. Blastocladiales.
Es otro de esos grupos de quítridos a los que algunos autores dan rango de filo
(Blastocladiomycota). Incluye a hongos acuáticos y de suelo muy variable. Forman esporangios
de pared gruesa, normalmente con punteaduras. Algunas especies son populares como
organismos de investigación. Destaca Allomyces, con desarrollo filamentoso policéntrico.
Su ciclo vital
(véase esta página) alterna generaciones haploides y diploides, algo raro dentro de los hongos.
Los gametangios femeninos producen una feromona (sirenina) que atrae a los gametos
masculinos. Por su parte, Blastocladiella es endógeno y monocéntrico. También
destaca
Coelomomyces, un parásito heteroico que necesita dos hospedantes para
completar su ciclo vital (algo que sólo se creía que ocurría en las royas). Su interés
radica en que hay especies cuyos hospedantes son los copépodos y los mosquitos, entre
ellos el que transmite la fiebre amarilla. Sin embargo, el uso de este hongo como agente
de biocontrol parece revestir dificultades. Otro género curioso es Catenaria, con un micelio
que presenta hinchazones, y que puede llegar a ser parásito de su pariente Coelomomyces.
El género Physoderma incluye a parásitos obligados de plantas. P. alfalfae causa
la sarna verrugosa de la alfalfa y P. maydis provoca una
mancha parda o moteado del maíz (curiosamente, en las partes aéreas). Todos estos hongos
pueden ser vectores de virus.
Como curiosidad, el género Blastocladia incluye a especies incapaces de usar el oxígeno,
aunque la presencia de éste no las perjudica. En cultivo producen grandes cantidades de ácido láctico.
Clase MONOBLEPHARIDOMYCETES.
Es un grupo pequeño (unas 26 especies) de hongos saprofitos sin interés económico,
pero con un tipo de reproducción sexual realmente curiosa, única dentro de los hongos
verdaderos: la oogamia, con fecundación mediante espermatozoides móviles.
Regresar al Reino Fungi.
|