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Se conoce la presencia de organismos eucariotas desde hace 1900
MA (millones de años), aunque los detalles de sus orígenes
aún no están claros. En la era Proterozoica no hay
registros fúngicos seguros (aunque se supone su presencia),
ni tampoco al inicio de la era Paleozoica, en el periodo Cámbrico.
En el Ordovícico se inicia la colonización de tierra
firme, pero habrá que esperar hasta el Silúrico (hace
438-408 MA) para dar con oomicetos asociados a invertebrados marinos
y, lo que es más notable, hifas fúngicas en entornos
terrestres (por ejemplo, presuntos ascomicetos asociados a microartrópodos).
Según algunos investigadores, ya en esta época estarían
presentes los principales grupos fúngicos. En el Devónico,
la diversificación de los vegetales proporcionó aún
más oportunidades para los hongos, y se dispone de los primeros
fósiles de endomicorrizas VA (Glomales) y quítridos.
Posteriormente el registro fósil fúngico se hace más
abundante, y demuestra que los hongos han tenido una historia larga
y estable a lo largo de los últimos millones de años.
Recientemente se ha constatado que un género fósil,
Prototaxites,
anteriormente considerado una planta, era en realidad un hongo gigante.
Prototaxites vivió entre el Silúrico y el Devónico (hace 420-370 MA) y
cuando fue descubierto se creyó que el fósil correspondía al tronco de una
conífera. Posteriormente hubo quien pensó que se trataba de un alga e incluso
de un hongo, pero hubo que esperar hasta el siglo XXI para que los análisis
mofrológicos detallados, así como de los isótopos de carbono, demostraran su
naturaleza fúngica. Como se aprecia en esta noticia de la
Universidad de Chicago, los carpóforos de estos hongos dominaban el paisaje
terrestre en esta época tan temprana. Probablemente, se trataba de una
especie saprofita, descomponedora. Su enorme tamaño podría deberse a la
ausencia de animales herbívoros (o fungívoros, mejor dicho).
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