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Antonio Espigares Pinilla - Secretario de
la SELat Los anuncios y globos-sonda que en forma de artículos y de opiniones diversas se habían lanzado en las últimas semanas se han confirmado. Al mismo tiempo que el Ministerio de Educación anuncia que va a potenciar el estudio de la Historia y de la Lengua Española, el Latín y la Cultura Clásica -vehículos imprescindibles para conocer nuestra historia y saber por qué hablamos como hablamos y escribimos como escribimos en tres de los cuatro idiomas oficiales de nuestro Estado- han quedado convertidos en una mera reliquia del sistema educativo. Pura contradicción. La Cultura Clásica continuará perdida en el limbo de las optativas de oferta obligada. Y el raquítico Bachillerado de Humanidades -la Orden 22900 de noviembre del año pasado lo hace prácticamente innecesario para acceder a la Universidad- lo será, si cabe, aún más. En contra de lo que se dice, los diseñadores de la reforma de la Reforma (¿alguien los conoce?) han ignorado las recomendaciones 10 y 11 del Dictamen elaborado por la Comisión presidida por el Sr. Díaz Ambrona, al menos en lo que al Latín se refiere. (¡Qué magníficos paladines ha tenido nuestra alma mater en los últimos años ante las autoridades educativas!) Resultado: un estudiante español (repito: español; no chino, ni americano, ni sueco. ¿O es que mi error consiste en creer que eso tiene aún alguna relevancia?) puede -y de hecho así sucederá en la inmensa mayoría de los casos- acabar el Bachillerato y acceder a cualquier carrera universitaria sin haber cursado un solo año de Latín o de Cultura Clásica. Hubo hace ya bastantes años un ministro muy populista que reclamaba a nuestro sistema educativo más deporte y menos latín. Hoy, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (last but not least) se dispone a cumplir sus deseos. ¡HENORAVUENA!
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