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IV Congreso Internacional de Humanismo y Pervivencia del Mundo Clásico

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ENTREVISTA CON LOURDES ORTIZ

"Sí, volver a los clásicos es, creo, una muy buena medicina."

Almudena García Mayordomo

 

Lourdes Ortiz ha recreado la Roma de Nerón en su última novela, publicada este otoño. La liberta no es una novela histórica más de tema romano; en ella la escritora pone en boca de Acté, la liberta de Nerón educada por Séneca, una serie de reflexiones sobre la vida de Nerón y Pablo de Tarso que rompen con los tópicos más tradicionales en el tratamiento de estos personajes.

De su lectura se desprende un conocimiento profundo y serio de las fuentes a la vez que una recreación original sobre dos personalidades tan distintas y su mundo cultural, político y social. Dos personalidades que tienen un nexo de unión, Acté. Pero lo que más me interesa destacar es que se sirve de sus personajes para recordamos que, pese a los avances tecnológicos y científicos, el espíritu y la mente humana, por fortuna en unos casos, por desgracia en otros, no han cambiado tanto como el mundo físico que nos rodea.
Sirva de ejemplo la siguiente cita, tomada de la página 62: "Sed fieri sentio. Sentir y sufrir. ¿Es acaso mejor no sentir nunca para no sufrir? ¿Mejor tener la mente gélida de Octavio, la impasibilidad de Séneca, que el ardor de Antonio? ¿Quién podría arrebaterle a Antonio aquellos días gozosos en la isla de Samos, o en la hermosa ciudad de Éfeso, o allá en Alejandría? Sentir y sufrir, pero antes haber gozado, bebiendo hasta la última gota la ambrosía de los dioses: mil besos y otros mil. Si la muerte no es nada, ¿por qué arrebatarle a la vida el doloroso sentir?." Lourdes Ortiz ha sido tan amable de contestar a las siguientes preguntas:

ALMUDENA:
Platón, Séneca, Catulo, Ovidio, Virgilio, Petronio,... se pasean literariamente hablando por tu novela ¿Qué fuentes clásicas has manejado y con qué criterio o criterios de selección?

LOURDES:
¿Criterios de selección?. Tenía que moverme con facilidad por toda la cultura latina. Y la griega, claro, sobre todo el siglo IV y el siglo III (Platón, Sócrates, Alejandro, etc.). Se trataba de recordar y releer. Sumergirme en las fuentes originales: en los poetas, en los dramaturgos, en los historiadores y en los filósofos. Evidentemente los conocía, pero la memoria es frágil y casi te podría asegurar que durante cuatro años mis lecturas han sido Roma y Grecia. En traducciones, pero preferiblemente bilingües para poder tener algo de la música original, de la palabra latina, del ritmo... esas cosas. Plutarco, Polibio, Marcial, Juvenal, Epicteto y un largo etcétera, pero también desde luego y sobre todo Virgilio, Ovidio, Catulo, los fragmentos de los poetas helenísticos, Homero... y como libros de cabecera Tácito, Suetonio y Dión Casio. Pero también he tenido que leer y consultar muchos trabajos contemporáneos sobre Roma, sobre la época helenística, sobre la vida cotidiana.

Ha sido un trabajo de investigación, casi un ensayo. Que luego hay que olvidar para tener la frescura y la autonomía del novelista. Y evidentemente todas o gran parte de las novelas escritas sobre esa época conereta, pero también los antecedentes (Julio César, Marco Antonio, Augusto, Calígula, Claudio) y también sobre los Flavios. Bueno... Roma y Grecia en mi cabeza y en mi espíritu durante largo tiempo para penetrar en sus obsesiones, en su lenguaje y dar vida a los personajes. Por otro lado estaba el mundo cristiano. La fuente fundamental. Los hechos de los Apóstoles y las cartas de Pablo (las auténticas, que son pocas, y las que se le atribuyen), pero también los estudios y los textos de las sectas y grupos judíos anteriores al siglo primero: esenios, manuscritos del Mar Muerto, etc.. Y de nuevo estudios contemporáneos sobre la época y novelas sobre Pablo, Cristo o los apóstoles.

En cualquier caso ha sido apasionante volver a sumergirme en los textos. Y podría, creo, desmontar muchas de las hipótesis y, sobre todo, de los tópicos repetidos una y otra vez, si fuera el ensayo y no la novela lo que me interesase en este momento.

ALMUDENA:
Me ha sorprendido mucho el tratamiento que has dado a las dos figuras centrales. Has sometido a Nerón y a Pablo a un proceso de desmitificación, convirtiendo al primero en un personaje humano, alejado del monstruo tradicional, y al segundo en un ser atormentado por sus miedos e inseguro, ¿Por qué?

LOURDES:
He intentado sacar aspectos de los personajes que están implícitos en los textos, separando la doxa de los hechos narrados y mirando esos hechos o esos escritos desde otra perspectiva. No he inventado nada. Sólo he mirado desde otro ángulo. Son las fuentes las que me proporcionan esa aparente nueva imagen. Lo que cambia es la valoración de las actitudes y de los hechos. Pero también el sentido de sus palabras, como ocurre en el caso de Pablo. No he visto para nada el Pablo que se nos ha vendido, influido por la espiritualidad de la filosofía clásica. Es un apocalíptico, muy vinculado a la tradición judaica. Su intuición -gran intuición política, debida seguramente a su extraña condición de judeo-romano converso- es el afán de propagar su doctrina a los no judíos y su obsesión la no-circuncisión que podía evitar esa propagación. Ésa fue su suerte y la del cristianismo. Por eso la figura de Pablo es tan importante y por eso necesitan convertirle en mártir. No podía ser menos que Pedro. Las persecuciones contra los cristianos empiezan en realidad masivamente mucho más tarde.

ALMUDENA.
Para mí, Acté es liberta en doble sentido. De una parte, el significado denotativo: ha dejado de ser esclava y por eso es liberta; de otra parte el connotativo: es el único personaje libre de la novela. ¿Es demasiado personal esta interpretación del título?

LOURDES:
No. Creo que es adecuada. Me ha sorprendido mucho al principio encontrar en la sociedad romana de la época del imperio a mujeres de gran independencia y modernidad por sus costumbres y su preparación intelectual. La pintura de la portada es un símbolo de ese tipo de mujeres. Y ella, al fin y al cabo, en mi novela, había sido educada por Séneca. Las fuentes son poco precisas y contradictorias sobre su origen.

ALMUDENA. La lectura de La liberia nos traslada a otro tiempo, muy lejano, veinte siglos, sin embargo no es sólo una novela histórica ya que su actualidad reside en el tratamiento de las eternas pasiones y preocupaciones: el amor, la duda, el miedo, la fuerza frente a la inteligencia, la ambición, el poder, la búsqueda de belleza, de serenidad... ¿Quiere esto decir que, pese a siglos y avances, el ser humano no ha cambiado tanto?

LOURDES:
Como diría Cristo: "Tú lo has dicho". Vosotros conocéis mejor que nadie la increíble modernidad de los textos latinos. Cambian las épocas, avanza la tecnología a grados inimaginables en el siglo I, pero los comportamientos del hombre apenas se modifican. Tácito podría ser manual de políticos, Marcial de la sátira contemporánea, Séneca podría venderse en los quioscos con fórmulas para la vida y la preparación ante la muerte, y pocos poetas a lo largo de los siglos han alcanzado la dimensión humana, la grandeza de Virgilio u Ovidio. Y así con casi todos. ¿Qué decir de Epicteto?. En la última novela de Tom Wolfe, el pobre castigado de la historia, tiene también como manual de cabecera un libro con las máximas de Epicteto, encontrado en la cárcel. El estoicismo es, ahora como entonces, reacción del individuo desorientado frente al caos, la arbitrariedad y la crueldad de pueblos y gobernantes. Creo que no es casualidad la dimensión que adquiere en la obra de Wolfe o en mi novela. El artista recoge de algún modo el espíritu del tiempo y las coincidencias no son tales, sino algo que puede leerse como signo.

ALMUDENA:
Nerón y Pablo representan las dos savias que alimentaron el árbol de la civilización occidental. Sin embargo el desconocimiento de la cultura clásica y de la tradición judeo-cristiana cada día es mayor en nuestra sociedad ¿Qué opinión te merece esta realidad?

LOURDES.
Supongo que es un proceso irremediable ante eso que llaman planetización o como se diga. El siglo XX ha ido viviendo de las migajas del XIX, donde de algún modo culminan y al mismo tiempo se quiebran los principios de esas dos tradiciones que han constituido con alternancias la base de lo que se ha llamado civilización occidental y su concepción del hombre. No me gusta hacer futurismos, pero es indudable que muchos de los viejos valores han comenzado a ser inoperantes y que el imperio, el nuevo, impone costumbres, modos de ver, etc.. Y al mismo tiempo se va produciendo una simbiosis con valores y modos de ver de pueblos que siempre habían estado al margen de la historia. La fusión y todo eso. Y las nuevas tecnologías. Me gustaría vivir lo suficiente para ver por dónde vamos a ir, pero no me atrevería a hacer predicciones. Nunca soy pesimista, pero el panorama es demoledor.

Sí, volver a los clásicos es, creo, una muy buena medicina.

 

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