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Balance
de siete años. Post
nubila ¿clarior?
El
28 de enero de 1995, coincidiendo con el último día de su I Congreso,
celebraba la Sociedad de Estudios Latinos su III Asamblea General en la
Residencia Universitaria de Jarandilla de la Vera. Entre otras
decisiones, los socios asistentes acordaron adoptar como logotipo a
nuestro ya familiar y emblemático sol acompañado del optimista mote post
nubila clarior. Asimismo, el que escribe estas líneas recibió por
sorpresa el encargo de representar a los profesores de enseñanza
secundaria en la Junta Directiva.
Pasados
casi siete años desde aquel ya lejano santo Tomás, parece un buen
momento de echar la vista atrás y hacer un somero repaso de todas las
acciones realizadas por nuestra Sociedad para la mejora de la enseñanza
del Latín. Al final, con las últimas y recientes novedades en la mano,
podremos plantearnos la pregunta que aparece en el título.
El
año 1995, especialmente el otoño y el invierno, estuvo caracterizado
por la incertidumbre ante el probable cambio de rumbo en la política
educativa tras las reiteradas críticas a la LOGSE por parte de los políticos
del PP. También se vivieron las primeras movilizaciones de diversas
asociaciones de profesores de humanidades. La SELat se entrevistó con
diversas autoridades educativas del último gobierno del PSOE buscando
un mejor trato para nuestras materias y exigiendo la eliminación del ya
tristemente famoso asterisco. Por otro lado, nuestra Sociedad organizó
en enero de 1996 unas jornadas sobre La enseñanza del latín en
diversos sistemas educativos europeos, que recibieron una buena
acogida.
Tras
las elecciones generales de la primavera de dicho año, el nuevo
gobierno salido de las urnas renunció a modificar la LOGSE al no haber
alcanzado la mayoría absoluta necesaria, pero sí mantuvo su promesa
electoral de “potenciar las Humanidades”. Ahí se inició un largo
camino en el que aún nos hallamos y cuyo final, triste o no, se
vislumbra muy próximo. En los casi tres años de presencia de Esperanza
Aguirre al frente del MEC no se consiguió absolutamente nada. Fueron
los años de las “comisiones de expertos”, de la elaboración de
dictámenes, de los anuncios grandilocuentes en la prensa, de los
enfrentamientos con las Comunidades Autónomas, y de nada más. La SELat
se entrevistó en reiteradas ocasiones con el entonces Secretario
General de Educación, Eugenio Nasarre, y le presentó diversas
propuestas tanto para el segundo ciclo de la ESO -basadas en la
elaboración de itinerarios, idea en la que nuestra Sociedad fue
pionera- como para el Bachillerato. Este periodo acabó en enero de 1999
con la frustrada publicación de un Real Decreto de reforma de la ESO
que provocó el cambio en la cúpula del Ministerio de Educación.
Después
de unos meses al frente de dicho Ministerio por parte del equipo de
Mariano Rajoy, tras las últimas elecciones generales del 2000 dirige el
rumbo de la Educación el equipo de Pilar del Castillo. La novedad
fundamental con respecto a la anterior legislatura fue que el nuevo
gobierno gozaba de mayoría absoluta en el Parlamento para llevar
adelante las reformas que le parecieran oportunas. Pues bien, la primera
medida adoptada no pudo ser, a nuestro juicio, más desafortunada: tras
unas reuniones llevadas con total secretismo durante el verano, el último
Consejo de Ministros del pasado año 2000 aprobó los Reales Decretos
3473 y 3474 que, aunque fueron presentados a la opinión pública como
un plan de refuerzo de las humanidades, en lo que a nuestra materia
respecta no han hecho sino estrangular aún más la vía de acceso al
Latín para los estudiantes de Bachillerato, configurando un
Bachillerato de Humanidades tan superespecializado como inútil para el
acceso a la Universidad y refugio nada vocacional para los prófugos de
las matemáticas.
Como
consecuencia de ello, nuestra Sociedad ha hecho todas las gestiones
posibles para tratar de hacer ver a las autoridades educativas y a la
opinión pública en general el error cometido y la necesidad
inaplazable de rectificarlo –tanto a nivel de segundo ciclo de la ESO
como de Bachillerato- en el último resquicio legal que aún queda: la sólo
anunciada y ya controvertida Ley de Calidad del sistema educativo.
Recientemente, de manera conjunta con otras asociaciones, hemos
participado en la elaboración y difusión del escrito que se publica a
continuación de este breve informe.
Tras
este telegráfico resumen podemos volver a la pregunta del título: ¿Ha
mejorado en algo la situación del Latín en la enseñanza secundaria y,
por otro lado, hay alguna perspectiva de que pueda mejorar en un futuro
próximo? A la primera parte de la pregunta la respuesta es claramente
negativa: la única normativa legal que afecta indirectamente al Latín
y que ha sido publicada en los siete últimos años no sólo no lo
beneficia sino que lo condena aún más al ostracismo de un Bachillerato
cada vez más devaluado.
En
cuanto a la segunda parte, la única respuesta positiva podría estar,
como antes he mencionado, en la Ley de Calidad que el Ministerio de
Educación pretende llevar adelante en los próximos meses. (Aunque ya
existen rumores de que, a la vista del rechazo recibido por la LOU, las
autoridades ministeriales se proponen aplazar el debate sobre dicha
ley). De todas formas, si hacemos caso a las declaraciones que se van
oyendo a diversos representantes autorizados del Ministerio -recordemos
que aún no ha sido hecho público ningún anteproyecto de dicha Ley- no
debemos crearnos grandes esperanzas: todavía no están perfilados los
itinerarios que diversifican el segundo ciclo de la ESO y, a pesar de lo
que algunos ya aseguran, no está ni mucho menos claro que el Latín
vaya a ser materia obligatoria en alguno de ellos.
En
definitiva, nuestro sol sigue aún oscurecido por negros nubarrones y
entre todos debemos seguir intentando que no se apague quizás para
siempre su claridad.
Antonio
Espigares
Secretario
de la SELat |