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Hace aproximadamente un
año, con ocasión del III Congreso Internacional sobre Humanismo y
Pervivencia del Mundo Clásico, celebrado en Alcañiz en homenaje al
profesor don Antonio Fontán y cuyas actas serán publicadas en los próximos
meses, más de trescientos profesores universitarios y otros muchos de Educación
Secundaria y de Bachillerato remitimos a la Excma. Sra. Ministra de Educación,
Cultura y Deportes, a través del propio profesor don Antonio Fontán, un
Manifiesto en el que pusimos de relieve, con objetividad, la preocupante situación
de las Humanidades Clásicas (especialmente del Latín) en la E.S.O. y en el
Bachillerato en el Estado español.
Apoyados en sólidos
razonamientos, los firmantes del Manifiesto instamos al Gobierno de la Nación a
solucionar el problema de las lenguas clásicas a través de la entonces ya
anunciada "Reforma de las Humanidades". Sin embargo, la posterior
publicación del correspondiente Decreto quebró de raíz las esperanzas de
todos aquellos que, lejos de defender posturas corporativistas y de grupo,
pretendemos una mejora real de la calidad de la enseñanza en todos sus niveles.
La disciplina de Latín, que motivó en gran parte el inicio de la reivindicación
de la Reforma, es la única que no recibió una mejora en el articulado legal.
La consecuencia de tan
desafortunada decisión es fácil de prever: dentro de muy pocos años la enseñanza
y aprendizaje del latín quedarán reducidos a una mínima expresión o incluso
a la nada.
En este desesperanzador
contexto los profesores que firmamos el mencionado Manifiesto y otros muchos que
se adhieren ahora al mismo, nos dirigimos de nuevo a la Excma. Sra. Ministra en
el intento de aprovechar la anunciada e inminente "Ley de la calidad del
sistema educativo", para tratar de evitar lo que sin duda constituiría una
auténtica catástrofe cultural.
Entendemos que la
mencionada ley debe dar solución al problema atendiendo a las dos siguientes y
básicas peticiones:
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En primer lugar, consideramos necesaria la
implantación de una asignatura de Latín como área común obligatoria en
Cuarto curso de E.S.O. para aquellos alumnos que vayan a cursar cualquier
modalidad de Bachillerato.
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En segundo lugar, creemos que, además del
Latín obligatorio para los alumnos del itinerario de Humanidades en el
Bachillerato (situación actual que sólo alcanza a una exigua minoría e
alumnos), debe reformarse el itinerario de Ciencias Sociales con la inclusión
de un Latín para estos alumnos.
Justifica la primera
petición el considerando de que la mayoría de los alumnos de la E.S.O. debe
conocer, al menos en un curso, la lengua que fue madre del castellano, del catalán,
del gallego y de otras muchas lenguas europeas. Justifica la segunda solicitud
la necesidad de que los alumnos encaminados a las ciencias históricas y jurídicas
cursen obligatoriamente un nuevo año de latín para ganar así el bagaje lingüístico
y léxico imprescindible para el estudio y posterior ejercicio de sus futuras
profesiones.
El Gobierno de la Nación
debe potenciar, pues, el estudio de la lengua latina en la E.S.O. y en el
Bachillerato. El Gobierno de la Nación debe lograr que la lengua latina tenga
en España el mismo preeminente papel que juega actualmente en países del
entorno occidental (incluido Estados Unidos) como puede constatarse, a través
de Internet, en el uso que hacen muchos ciudadanos de las múltiples páginas
web de referencia clásica. El Gobierno de la Nación ha de defender la lengua
latina para romper la paradoja que supone su cuasi desaparición en la E.S.O. y
en el Bachillerato frente al éxito editorial y comercial (colecciones de
Gredos, Akal, Ediciones Clásicas, Laberinto, etc.) que están teniendo las
viejas obras de Roma entre el público no especializado de nuestro país. El
Gobierno de la Nación debe recordar, finalmente, que en los distintos niveles
lingüístico, histórico, científico, artístico y cultural de todos los países
de Occidente o en los procesos de lectura, comprensión y redacción de los
textos, el aprendizaje del latín y su enseñanza hoy en día (muy alejados de
concepciones apriorísticas que han ligado dicha enseñanza a su utilización
por la Iglesia, con sus tópicos y traumas correspondientes), han de influir
decididamente en la formación integral de nuestros jóvenes, cuyas señas
vitales de apertura de miras (Comunidad Europea, grupos de solidaridad
internacional, etc.) se adecuan perfectamente a la índole de una cultura, la clásica,
que extendió sus límites por todo el mundo.
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